La Sociedad vive un momento donde parece y digo parece, que lo que no aparece, no existe. De hecho, vivimos en un tiempo donde se nos exige ser los mejores, o bueno, los que más likes tenemos. Incluso también hater, porque he escuchado más de una vez, esa frase marketiniana de Que hable de ti, aunque sea mal, pero que hablen.
Antes de disponerme a escribir este artículo, me pregunté si lo escribía por aparecer, y entonar un estoy aquí, llevado por esa tendencia y, después de una pequeña reflexión, llegué a la conclusión de que tenemos la responsabilidad de subirnos a la revolución de lo vintage en los valores y, por qué no, aprovechar el hecho de que lideramos comunidades para decir que nuestros abuelos hubieran utilizado nuestras herramientas actuales no para esclavizarse y ser los mejores, sino para sacrificarse y ser mejores.
Y es que lo vintage está en auge. En la estética, en la música, en lo que comemos, y hay quien habla de querernos como se querían nuestros abuelos. Nos gusta que nos sigan, pero no seguimos. Y desde el orgullo dejamos en visto, al que nos lanza un Te Extraño.
Por eso creo que el protagonismo está sobrevalorado. Porque el éxito está en ser cada día mejores, y no en ser el mejor durante un día. El éxito está en irse a la cama con la sensación del deber cumplido, con haberle hecho bien a alguien. El éxito está en ser una oportunidad en tu Comunidad, y no utilizar la Comunidad como tu oportunidad.
Decía a propósito del Campeonato Mundial de Fútbol, -que por cierto las Selecciones iban vestidas muy “vintage”-que éramos las mismas personas las que el domingo celebrábamos y brindábamos por el juego limpio, que los que al día siguiente nos echábamos fango en la cara, en un todo vale, en el que se han convertido los argumentos de la acción política.
En este caluroso Verano, propongo como refresco la Revolución Vintage de los Valores, el juego limpio en Equipo, ser cada día mejores, parecernos a lo que somos, no buscar el protagonismo, sino ser un espacio para el protagonismo colectivo, escuchar con atención al otro, hablarle a tu vecino, abrazar con fuerza a tus hijos, trabajar con propósito, atender al vulnerable, y por qué no, utilizar las herramientas actuales, para hacerlo mejor.
Porque quizás solo se trate de eso. De traer al presente aquellos valores que nunca debieron pasarse de moda. [Ayto. Breña Alta]
