Las Palmas de Gran Canaria, 23 abr (EFE).- La superproducción músico-teatral ‘Attindamana. El sonido de un pueblo, el latido de una isla’, con más de 500 talentos canarios y una veintena de composiciones originales, será el eje central del festival La Isla de Mi Vida (antiguo Canariona), impulsado por el Cabildo de Gran Canaria para celebrar el Día de Canarias el próximo 29 de mayo.
Un homenaje a la identidad grancanaria
El espectáculo, concebido como un homenaje a la identidad de los 21 municipios de la isla, reunirá a solistas, cantantes, instrumentistas, coros, murgas y colectivos populares, con el respaldo musical de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, que acompañará las obras creadas expresamente para esta cita.
Una de las compositoras del proyecto, Belén Álvarez (Lajalada), ha explicado este jueves durante la presentación del festival que «lo más bonito e interesante de todo este proyecto es que, por fin, se reúne en un único lugar y en un único momento a artistas de todos los rincones de la isla y de estilos totalmente diferentes», desde el folclore a la música académica y popular, lo que refleja «el amplísimo acervo cultural» de Gran Canaria.
Tradición y modernidad en la música
Otro de los compositores de esta superproducción, Víctor Batista, ha defendido que la tradición «si no se mueve, si no se cambia, no es tradición, es foto fija».
En ese sentido, ha aludido a la flauta del pastor, «que hoy en día está absolutamente desaparecida», señalando que «la adoración de la ceniza sería intentar replicar exactamente lo que podían haber tocado los pastores en ese momento» y que otra opción es «la preservación del fuego», es decir, incluirlo hoy en día en la música popular.
Batista ha explicado que la música popular bebe de la tradición, pero incorpora a las nuevas generaciones «su universo sonoro, su manera de ser, cómo se expresan y cómo crean».
Un viaje sonoro a través de la cultura
Así, el manifiesto de Attindamana, leído por la ayudante de dirección en el equipo artístico del festival, Ruth Sánchez, defiende que «este espectáculo no es una mera sucesión de actuaciones, es un acto de soberanía cultural», un viaje sonoro que va desde la cumbre pasando por todos los municipios de la isla y homenajeando las particularidades de cada uno de ellos, «un homenaje a la microhistoria de cada rincón» y a «la pertenencia a un cachito de tierra rodeado de horizonte».
Recuperando la figura de Attindamana
«Con su nombre, el espectáculo reivindica la figura de la princesa aborigen Attindamana, que aunó a los diferentes clanes de la isla en uno solo, como símbolo de cohesión, diversidad y convivencia.
«Su legado nos recuerda que la identidad no se construye contra el otro, sino desde la suma de voluntades», indica el manifiesto al señalar que la superproducción vincula «la raíz más antigua con la creación contemporánea» y defiende que «la tradición no es un objeto de museo, sino un proceso vivo».
Además, reclama que el festival La Isla de Mi Vida «no sea recordado sólo como un concierto, sino como ese momento en el que Gran Canaria miró a su pasado para componer su futuro».
Impulsando la cultura y la música popular
El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, ha afirmado que el objetivo del festival es dar un nuevo impulso a la creación de cultura y música popular, favoreciendo la participación de la mayoría de grupos y autores en activo de la isla, a la vez que se acerca el folclore a los centros educativos y las escuelas de música.
Por ello, el festival no se limita al gran espectáculo del 29 de mayo, que comenzará a las 19.30 horas con un pasacalles, seguido a las 20.30 de Attindamana, para continuar a las 22.30 con Dj Saot ST Afterhours, en el que se estrenará ‘After Hour: The Mixtape’, con diez artistas sobre el escenario, sino que incluye una fiesta del folclore infantil y juvenil el 22 de mayo en la plaza de San Rafael de Vecindario, con actividades en centros educativos y escuelas municipales de música, un festival escolar y un festival familiar.
El propósito, ha dicho Morales, es «sacar la música de los centros, llevarla a la plaza pública y convertir el folclore en una herramienta de cohesión social y orgullo generacional».
