El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes presentó hoy (jueves 2) la nueva propuesta expositiva de Pérez y Requena, Un loro, tres bares y dientes de oro. En esta muestra —un proyecto completamente inédito comisariado por Latitudes (Mariana Cánepa Luna y Max Andrews) y Néstor Delgado Morales— los artistas exploran las dimensiones desatendidas de la ciudad, abordándola como un archivo fragmentario e inquieto atravesado por la memoria, el territorio, la ficción y la cultura visual. El consejero de Cultura, Museos y Deportes del Cabildo Insular de Tenerife, José Carlos Acha; el director artístico de TEA, Sergio Rubira; los comisarios, Latitudes y Néstor Delgado Morales; y los artistas Pérez y Requena dieron a conocer los detalles de esta exposición que se inaugura mañana (viernes 3), a las 19:00 horas.
La muestra podrá visitarse de manera gratuita hasta el 18 de octubre, de martes a domingos y festivos, en horario de 10:00 a 20:00 horas. Además, mañana (viernes 3) a las 19:00 horas, se celebrará un encuentro público entre los artistas, los comisarios y los asistentes. Esta actividad ofrecerá una oportunidad para conocer de cerca el proceso creativo y las reflexiones que dan forma a la exposición, cuya metodología entrelaza investigación y producción, activando relaciones entre la escultura, el dibujo, la deriva urbana y la instalación.
José Carlos Acha explicó que las dieciséis piezas que conforman Un loro, tres bares y dientes de oro han sido realizadas específicamente para TEA. Aunque las obras son de nueva producción, cabe destacar que el proyecto se sustenta en una investigación que Pérez y Requena desarrollan desde hace más de una década. Durante su intervención, Acha quiso “felicitar a los artistas por el rigor y la profundidad de una propuesta que nos invita a reflexionar sobre la evolución de nuestro propio entorno”, al tiempo que agradeció “su compromiso con la creación contemporánea y su capacidad para transformar una investigación tan exhaustiva en una experiencia estética y crítica de primer orden”.
Asimismo, el consejero reflexionó sobre el trasfondo conceptual de la muestra, aludiendo a cómo el proyecto retrata “ciudades en perpetuo cambio” y aborda fenómenos como la gentrificación. En este sentido, hizo alusión al modelo de Haussmann para explicar cómo la trama urbana se destruye y se construye de manera constante: “Al final, en esa metamorfosis continua de la urbe, lo que verdaderamente permanece es la trama misma, las calles y el plan que las proyectó, los cuales operan como el verdadero testigo de nuestra historia”, concluyó.
Por su parte, Pérez y Requena explicaron que “la exposición comienza ya desde su propio título: Un loro, tres bares y dientes de oro. Y es que, según detallaron los creadores, su intención era que “esas palabras funcionaran como una constelación de imágenes, una invitación a establecer relaciones, a activar recuerdos, asociaciones y relatos antes incluso de entrar en la sala”. Este proyecto se enmarca dentro de una investigación artística que los autores desarrollan desde hace años bajo el nombre de Conquistador. Con el paso del tiempo, esta iniciativa “ha ido adquiriendo la forma de un archivo; pero no de un archivo entendido como algo cerrado o estable, sino como un archivo vivo, en permanente transformación, compuesto por imágenes, documentos, objetos, historias y tiempos muy distintos entre sí, muchas veces alejados de los relatos hegemónicos sobre la ciudad”.
Los artistas aprovecharon la ocasión para mostrar su gratitud con el equipo del centro. Primero dieron las gracias a Sergio Rubira por invitarlos a desarrollar este proyecto expositivo en TEA y por la confianza depositada en su trabajo. Asimismo, hicieron extensivo su agradecimiento a los comisarios de la muestra, Néstor Delgado Morales y Latitudes. “Ha sido un privilegio compartir este proceso con ellos. Gracias por la complicidad, por el diálogo constante y por acompañarnos durante todos estos meses de trabajo, ayudándonos a profundizar en una parte muy importante de este archivo”, manifestaron, concluyendo que “en realidad, son muchas las personas que, de una forma u otra, forman parte de esta exposición. Sin ellas habría sido muy difícil que este proyecto pudiera tomar cuerpo”.
Latitudes desglosó la estructura y el contenido de la muestra. Explicaron que la muestra “propone un recorrido en el que convergen distintos soportes —escultura, dibujo, pintura e instalación— y temporalidades”. Según detallaron, la exposición se organiza en varios ejes conceptuales. “Un primer ámbito gira en torno a la edición expandida. Se trata de obras que trasladan a las salas expositivas, elementos gráficos que previamente existían en soportes impresos y que ahora salen de la página para ocupar las salas”, apuntaron.
“En un segundo ámbito se exhibe un conjunto de obras que recupera materiales e indicios de la vida cotidiana de Santa Cruz para hablar de sus condiciones sociales, históricas y afectivas. Un ejemplo especialmente significativo es la instalación realizada con 36 metros de neón rosa procedentes de la antigua tienda Topacio, que estaba en el edificio Olympo. Y, a medio camino entre estos bloques, surge una propuesta situada entre el dibujo expandido y el archivo documental, con obras que remiten a elementos ordinarios como el toldo de un bar o plantillas de zapatero y ebanista”, detallaron.
Indicaron que, en su conjunto, la muestra nace de la observación y la deambulación por la urbe. “Pérez y Requena dirigen su atención hacia aquello que normalmente queda fuera de foco: los saberes locales, los pequeños comercios, los trabajos artesanales… aquello que sucede desde su kilómetro cero, un radio que, por cierto, también incluye al propio TEA”, precisaron, destacando que el proyecto está atravesado por el humor y la idea de intrahistoria de Unamuno. “No obstante, más que adoptar una posición nostálgica o meramente reivindicativa, creo que el trabajo de Pérez y Requena propone una mirada crítica sobre estos procesos”, afirmaron, remarcando que, “la exposición y la práctica de los artistas no habla únicamente de las cosas que una ciudad decide recordar, sino también las cosas que decide olvidar”.
Por su parte, Néstor Delgado reflexionó sobre el papel del museo y el impacto del trabajo de los artistas en el entorno local, señalando que Pérez y Requena desarrollan un trabajo “fundamental para pensar las transformaciones urbanas que ha vivido Santa Cruz de Tenerife”. Según Delgado, estos cambios “afectan al modo en que habitamos la ciudad y tienen localizaciones muy concretas”, lo que interpela directamente a una institución como TEA, nacida en su día al amparo de un proyecto de regeneración urbana.
El comisario subrayó la importancia de que el museo abra espacios para el debate crítico sobre estas dinámicas complejas, destacando el valor de la metodología de los creadores. “Pérez y Requena han construido su práctica a partir de redes de colaboración, desarrollando un método basado en la proximidad, el intercambio y el trabajo compartido”, explicó Delgado, añadiendo que su obra “desplaza la mirada hacia aquello que suele quedar fuera de los grandes relatos del progreso y del desarrollo urbano, poniendo en valor lo que todavía permanece latente”.
Para finalizar, Delgado agradeció el impulso de Sergio Rubira, la complicidad del equipo curatorial de Latitudes y el esfuerzo del personal técnico y administrativo del centro. Asimismo, dedicó unas palabras de reconocimiento a los autores “por su generosidad e invitación constante al juego, a formar parte de su compromiso gozoso por tejer redes, generar vínculos y recordarnos que la cultura también se construye desde la colaboración, la cercanía y el cuidado de las relaciones”.
Un loro, tres bares y dientes de oro
La práctica de Pérez y Requena parte de la construcción de un archivo en permanente crecimiento sobre las transformaciones urbanas y sociales de Santa Cruz de Tenerife, especialmente de aquellos espacios sometidos a procesos de desaparición, renovación o desplazamiento. Ese trabajo de archivo se traduce en un proceso de experimentación material que desplaza esos hallazgos al espacio expositivo. Su trabajo se centra en las huellas de una ciudad que ha sido progresivamente desplazada, transformada y, en muchos casos, ocultada por los procesos de renovación urbana. Las obras que conforman la exposición no reconstruyen ese pasado de manera documental, sino que activan sus rastros mediante desplazamientos materiales y formales. Arquitecturas desaparecidas, fragmentos urbanos y elementos de la cultura visual reaparecen en la sala como presencias casi fantasmales, traducidas a través del dibujo, la línea, la escultura y otros recursos gráficos.
Los artistas devuelven una presencia física a formas y espacios que han ido desapareciendo con el tiempo, proponiendo una lectura de la ciudad desde la memoria, la ausencia y la transformación. Al mismo tiempo, el proyecto recupera materiales, técnicas y oficios artesanales vinculados a las economías populares del entorno, incorporándolos al lenguaje de la instalación contemporánea y reivindicándolos como portadores de conocimiento y memoria.
El hecho de presentarse en TEA cobra especial relevancia al ser esta una institución cuya implantación fue uno de los principales motores de la transformación urbanística del entorno de Miraflores y El Cabo. El derribo reciente de una de los antiguos locales nocturnos de la Calle Miraflores se convierte aquí en un punto de partida para reflexionar sobre la memoria urbana, las formas de habitar y las consecuencias de los procesos de renovación y gentrificación sobre el tejido social de la ciudad.
Respecto al título de la exposición, cabe subrayar que este condensa un paisaje en un enunciado breve, aparentemente inconexo, que activa asociaciones antes que articular un relato cerrado. Surge de las derivas y del archivo que desarrollan desde hace años en torno a la zona que hoy ocupa el museo, un enclave construido sobre un mundo que imaginó su porvenir de otra manera. Asociado en otro tiempo a espectáculos ambulantes, bares y encuentros furtivos, este territorio fue posteriormente dislocado por procesos de regeneración urbana. Aun manteniendo su carácter abierto, la exposición propone aquí una posible edición de esos largos procesos.
La muestra surge de la persistencia de los artistas en sus merodeos, en los rumores y en los restos documentales; una aproximación tanto a lugares reales como a los fantasmas de una imaginación desplazada, así como a formas de vida y usos urbanos progresivamente demolidos y olvidados. Los materiales, técnicas e imágenes reunidos —entre ellos fotografías descartadas, ecos arquitectónicos o patrones obsoletos— funcionan como viñetas, escenas parciales y fragmentos residuales que remiten a otros tiempos y geografías. Mediante diversas estrategias de montaje estas composiciones no buscan ilustrar ni fijar un significado, sino hacer perceptible una ausencia.
La exposición se articula a partir de la idea de un dibujo expandido. Se estructura mediante una serie de ejercicios formales que introducen tensiones y hacen visible aquello que permanece inscrito en sus márgenes. El espacio expositivo oscila entre líneas rectas y sinuosas, así como trazos que dan forma a la memoria y el paso del tiempo, entendidos como fuerzas capaces de modelar y transformar los espacios que habitamos.
Israel Pérez y María Requena
Israel Pérez y María Requena (n. 1975 y 1978) se licenciaron en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna en el año 2000 y, posteriormente, completaron los Diplomas de Estudios Avanzados en Pintura en la misma institución, donde actualmente también ejercen como docentes. Su trabajo ha formado parte de exposiciones colectivas como Nudos y enredos 2/5 (Círculo de Bellas Artes de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 2025-26); Pintura enojada (Travesía Cuatro, Ciudad de México, 2024-25); Concretos (TEA Tenerife Espacio de las Artes, Santa Cruz de Tenerife, y Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León MUSAC, León, 2022–23); y No news, good news (CAAM Centro Atlántico de Arte Moderno, Las Palmas de Gran Canaria, 2019). Entre sus exposiciones individuales recientes se encuentran Conquistador (Galería BIBLI, Santa Cruz de Tenerife, 2022), y The Fall (Sala de Arte Contemporáneo, Santa Cruz de Tenerife, 2017). [Cabildo de Tenerife]










