Nayra Sanz Fuentes: “El nazismo no solo exigía poseer una determinada sangre, también encarnar una conducta específica”

Nayra Sanz Fuentes: “El nazismo no solo exigía poseer una determinada sangre, también encarnar una conducta específica”

La cineasta, escritora y productora independiente Nayra Sanz Fuentes presenta el día 16 de junio, a las 19:00 horas, en la Casa de Colón, su libro ‘El cuerpo nazi. El cuerpo contenido. La estética del poder en el cine de Leni Riefenstahl’, publicado recientemente por la Editorial Trotta. El ensayo analiza los mecanismos visuales que contribuyeron a construir el imaginario nacionalsocialista y examina cómo el poder político convirtió el cuerpo en un elemento central de su proyecto social, utilizando el cine como herramienta para modelar identidades individuales y colectivas.

¿Cuál fue la pregunta inicial que dio origen a esta investigación?

La investigación surgió de una pregunta que me acompañaba desde hacía tiempo: ¿de qué manera los proyectos políticos intervienen sobre los cuerpos? Con frecuencia pensamos la política en términos institucionales o ideológicos, pero toda forma de poder implica también una determinada concepción del cuerpo, de sus comportamientos y de sus posibilidades.

Al acercarme al contexto alemán de entreguerras comprendí que el cuerpo ocupaba un lugar central dentro del imaginario nacionalsocialista. El libro nace de la voluntad de comprender esa construcción histórica a través de diferentes disciplinas y líneas de pensamiento. Las películas de Leni Riefenstahl aparecen posteriormente como un caso privilegiado para observar cómo muchas de esas ideas cristalizan visualmente.

¿En qué momento percibió que la noción de «cuerpo contenido» podía convertirse en una clave para leer el imaginario nazi?

La noción de “cuerpo contenido” apareció durante el proceso de investigación. A medida que avanzaba observé que ámbitos tan diversos como la medicina, la eugenesia, el deporte o las artes compartían una preocupación común por el cuerpo.

Comprendí entonces que el cuerpo no era únicamente una realidad biológica, sino también un espacio político. Por un lado, lo que denomino “cuerpo nazi” remite a una determinada concepción racial del ser humano. Por otro, el “cuerpo contenido” describe cómo los individuos interiorizan una visión del mundo y ajustan su comportamiento a ella. No basta con poseer una determinada sangre; también es necesario encarnar una determinada conducta.

La palabra “contenido” me interesaba además por su doble significado: aquello que es regulado o moldeado y, al mismo tiempo, aquello que contiene algo en su interior.

Muchos estudios han analizado la propaganda nazi desde la política o la historia. ¿Qué aporta mirar esta cuestión desde el cuerpo y desde la estética cinematográfica de Leni Riefenstahl?

Mirar esta cuestión desde el cuerpo permite comprender cómo las ideologías se traducen en prácticas, hábitos y formas de comportamiento concretas. Lo que me interesaba era entender cómo el nacionalsocialismo construyó un modelo humano específico y cómo ese modelo atravesó ámbitos tan diversos como la educación, el deporte, la medicina o las artes. Al mismo tiempo, contribuía a construir una determinada idea de comunidad basada en la homogeneidad y la pertenencia. Las películas de Leni Riefenstahl resultan especialmente útiles porque condensan visualmente muchos de esos elementos. En ellas encontramos cuerpos que no solo representan una ideología, sino que la encarnan.

¿Hubo algún hallazgo durante la investigación que modificara su visión inicial del tema?

Sí. Comencé interesándome por las imágenes y por la forma en que el cine participa en la construcción de imaginarios colectivos. Sin embargo, a medida que avanzaba la investigación comprendí que la cuestión de fondo era mucho más amplia. Descubrí que estaba estudiando una determinada concepción del ser humano, de la identidad, de la obediencia, de la diferencia y de la pertenencia. En cierto modo, empecé investigando imágenes y terminé investigando una antropología política.

En el libro habla de un “realismo idealista”. ¿Qué significa exactamente este concepto y qué papel desempeña en la construcción del imaginario nacionalsocialista?

El “realismo idealista” es una forma de representación que presenta un ideal político como si fuera una realidad ya existente. Las imágenes del periodo nazi no muestran la sociedad tal como era, sino tal como debía llegar a ser según los principios del régimen. Sin embargo, no se presentan como una aspiración futura, sino como una realidad aparentemente evidente y alcanzada. Su eficacia reside en naturalizar el ideal. Los cuerpos perfectos, las masas cohesionadas o la armonía entre individuo y comunidad no describen una realidad histórica, sino una proyección política convertida en imagen.

¿Por qué las imágenes estéticas pueden resultar más persuasivas que un discurso político explícito?

Las imágenes poseen una capacidad de persuasión particular porque no operan únicamente a través de la razón. Mientras que un discurso político exige una toma de posición consciente, las imágenes pueden generar identificación, deseo o admiración de forma más inmediata. Su fuerza reside en que muchas veces no presentan una idea como una idea, sino como una experiencia sensible. Más que transmitir consignas, contribuyen a hacer deseable una determinada visión del mundo.

Después de esta investigación, ¿cree que puede existir una imagen políticamente inocente o toda imagen transmite una determinada visión del mundo?

Creo que ninguna imagen es completamente inocente, aunque tampoco toda imagen deba entenderse como manipulación. Toda imagen implica decisiones: qué se muestra, qué se oculta y desde dónde se mira. Incluso cuando pretende documentar la realidad, construye una determinada perspectiva sobre ella. Por eso me interesa pensar las imágenes no como objetos neutrales, sino como espacios de mediación entre la realidad y nuestra forma de comprenderla.

Ochenta años después del final del nazismo, ¿qué aspectos de aquella estética siguen presentes, quizá de forma más sutil, en la cultura visual contemporánea?

No creo que la herencia más importante del nacionalsocialismo se encuentre en formas visuales reconocibles, sino en mecanismos de construcción de subjetividad que continúan apareciendo bajo contextos históricos muy distintos. Seguimos encontrando modelos corporales normativos, ideales de comportamiento y formas de autorregulación que invitan a adecuarse a determinados patrones de éxito, belleza o rendimiento. En muchos casos, además, los cuerpos se convierten en espacios de exhibición y valorización estrechamente vinculados al mercado.

Usted plantea que el poder moldea los cuerpos y las identidades. ¿Estamos viviendo nuevas formas de «cuerpo contenido», aunque bajo discursos y contextos diferentes?

Sí, aunque creo que es importante ser cautelosxs con las comparaciones históricas. El “cuerpo contenido” puede entenderse como una herramienta de análisis que excede el marco del nazismo. Me refiero a aquellos procesos mediante los cuales los individuos interiorizan normas y modelos de comportamiento hasta convertirlos en parte de su identidad. Hoy esos mecanismos suelen operar de forma más sutil y aparecen vinculados a dinámicas culturales, económicas y tecnológicas muy diversas.

Si el cine fue una herramienta fundamental para construir determinados ideales corporales durante el nazismo, ¿qué medios o plataformas están modelando hoy nuestra percepción del cuerpo y de la identidad?

Si el cine ocupó un lugar privilegiado durante el siglo XX, hoy ese papel se encuentra mucho más distribuido. Las redes sociales, las plataformas digitales y la publicidad forman parte de un ecosistema visual permanente. En muchos sentidos, asistimos a una creciente sustitución de la palabra por la imagen como principal mecanismo de construcción de identidades y formas de pertenencia.

La diferencia es que ya no somos únicamente espectadorxs. También participamos activamente en la producción y reproducción de esos modelos. Fotografiamos nuestros cuerpos, seleccionamos qué mostramos y exponemos continuamente nuestra imagen a la mirada de los demás. Las imágenes nunca son meros reflejos de la realidad. También contribuyen a producirla. Y quizá hoy esa capacidad de modelado opera con una intensidad sin precedentes. [Cultura Cabildo Gran Canaria]